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sa.grado

Trilogia de mi Galicia.

Acto II 

Esta investigación artística forma parte de la trilogía escénica que Aïda Colmenero Dïaz desarrolla en torno a su Galicia, en la que está investigando la relación con lo sagrado, el conjuro, la memoria y la sangre.

 


Sa.grado Acto II  es una investigación escénica que explora la sangre como archivo simbólico y territorio de lo sagrado. Como flujo de memoria, pacto invisible y energía heredada. 

 

La sangre como aquello que nos vincula a la tierra, a los cuerpos que nos precedieron y a los relatos que nos habitan. En diálogo con Galicia como espacio ancestral- familiar- cotidiano-imaginado, el proyecto
indaga en la dimensión ritual del cuerpo contemporáneo, activando la sangre como metáfora de destino, transformación y continuidad. 

 

La creadora propone explorar cómo el ser humano se ha relacionado con la
sangre a lo largo del tiempo: como vínculo, destino, pacto, sacrificio, protección y memoria. La
sangre como fluido biológico; como linaje, territorio, herencia y comunidad. 

Es aquello que nos conecta con quienes nos precedieron y con aquello que consideramos sagrado.

Una búsqueda sobre lo que late, lo que arde y lo que nos atraviesa sin que lo nombremos.


“Una invocación a lo sagrado.
No como un misterio lejano, sino como una llama viva en nuestro centro.
Que lo sagrado nos atraviese como río de sangre,
nos transforme como fuego,
y nos revele, una vez más,
que lo divino siempre ha habitado en nosotras y nosotros.”


 


Nota de la autora: 


“Partiendo de Galicia , el proyecto se adentra en un imaginario donde la sangre ocupa un lugar
central en la cosmovisión popular. En la tradición gallega, atravesada por la convivencia entre
paganismo y cristianismo, la sangre ha sido entendida como un elemento de poder y de unión. La
investigación propone ver cómo estas creencias dialogan con nuestra contemporaneidad. La sangre
como alimento, como ritual rural, como pacto y como memoria.
Un eje fundamental de la investigación es el ritual rural de la matanza del cerdo, práctica central en
muchas familias gallegas. Más allá de su dimensión alimentaria, la matanza constituía un acto
comunitario cargado de sentido. La sangre no es un residuo: es tratada con respeto, transformada en
alimento y compartida. Derramarla sin cuidado es considerado un mal augurio. Este momento
condensa vida, muerte, sustento y comunidad en un mismo gesto. La investigación se aproxima a
este ritual como espacio de transformación: el tránsito de la vida a la muerte, de la muerte al
alimento y del alimento a la comunidad. Un ciclo donde lo cotidiano y lo sagrado se funden.
Asimismo, la dimensión religiosa forma parte esencial de la investigación. En el catolicismo
gallego, la sangre de Cristo simboliza sacrificio, redención y salvación. El proyecto busca interrogar
el significado contemporáneo del sacrificio, preguntándome qué estamos dispuestos a ofrecer hoy,
¿qué necesita ser “sangrado” para que una comunidad pueda sanar?, ¿cómo resignificar el sacrificio
como transformación ? 

También me interesa la sangre como elemetno simbólico, observando los pactos heredados, las
lealtades invisibles y las heridas familiares o colectivas que atraviesan generaciones.
Desde el punto de vista artístico, me interesa el cuerpo como territorio ritual; el movimiento como
latido, pulsación, herida y transformación; el espacio escénico como tierra que acoge y escucha; la
voz como invocación de lo invisible. Se trata de generar una experiencia donde lo biológico y lo
espiritual dialoguen, donde el público perciba la sangre como flujo vital y memoria encarnada.
Este proyecto se sitúa en el cruce entre antropología ritual, estudios sobre lo sagrado y lo profano,
memoria corporal y tradición popular gallega, en diálogo con prácticas performativas
contemporáneas. Mi intención es resignificar lo rural, lo cotidiano, esos imaginarios... desde una
mirada actual, crítica y personal; para a partir de ahí recuperar la potencia simbólica-poética de
todo ello.
Es también una invocación. Un intento de recordar que lo sagrado no es un misterio lejano, sino una
energía que habita en nuestro interior. Que la sangre —más allá de su materialidad— es un río
simbólico que nos une a quienes fuimos, a quienes somos y a quienes seremos al mismo tiempo. Y
que quizá, al volver a tocar la tierra —aunque sea metafóricamente— podamos escuchar el eco de
los antepasados y comprender que lo divino no está fuera de nosotros, sino latiendo en nuestro
propio cuerpo.”


Aïda Colmenero Dïaz

En gira gracias al Ministerio de Cultura y Deporte de España 

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